LM (Lactancia Materna) y LA (Lactancia Artificial)

Una de las diatribas a las que se enfrentan los futuros padres antes de nacer el bebé es precisamente elegir la forma en la que le alimentarán.

Hace un siglo esta pregunta no tenía sentido, pues la única opción válida era la lactancia materna, para lo que existía el oficio de amas de cría si la madre no podía o no quería amamantar a su bebé.

A finales del siglo pasado se inventó la leche artificial, pero sólo para los animales para dar salida a los excedentes de producción de leche de vaca, que era conservada en polvo y rehidratada posteriormente para su uso. Unos años después, por iniciativa de la empresa de Henri Nestlé, se inició su uso en humanos.

Pero no fue hasta la década de los años 60 cuando alcanzó su máxima popularidad. Los pediatras recomendaban sin ningún género de dudas los beneficios de este tipo de leche y, en consecuencia, su uso se generalizó y la lactancia materna conoció sus momentos más bajos.

Sin embargo, hace unos años diversas asociaciones, formadas generalmente por madres, han levantado la voz para que se conozcan los beneficios de ésta frente a la leche artificial y, sobre todo, para erradicar falsos mitos que pasan de generación en generación, como por ejemplo que hay madres que no tiene leche o que su bebé es muy ansioso y necesita complementar con leche artificial.

Páginas recomendadas: www.laligadelaleche.es, http://blog.multilacta.org, http://www.aeped.es/comite-lactancia-materna.

 

No obstante, si la decisión de los padres es darle leche artificial a su bebé se deben seguir una serie de pautas que consisten en asemejar la toma a la que le daría una madre que da el pecho. Este método se llama Método Kassing.

El método Kassing recrea las condiciones más parecidas al pecho, en cuanto a esfuerzo, estimulación y engache.

Hay que poner al bebé incorporado, como sentado, no imitando la posición de la lactancia natural. Hay que usar una tetina larga, blanda y redonda. Las tetinas “anatómicas” no se parecen en nada al pezón, por lo que debemos evitarlas. Que la tetina sea larga es importante, pues la idea es que pueda tocar el punto en el que se unen el paladar duro y el blando, igual que en la lactancia materna. Una longitud de entre 18 milímetros y 2 centímetros es la ideal.

No basta con dar el biberón, la idea es reproducir los mismos estímulos naturales de la lactancia, por lo que reproduciremos el reflejo de búsqueda tocando las mejillas del niño y sus labios, para que sea él el que llegue a engancharse solo. Con la boca abierta hay que dejarle mamar varias veces, siempre sentadito, con el tronco vertical, dejando que haga esfuerzo para succionar la leche y evitando que esta caiga en su boca por la gravedad. Además, durante la toma, que debe dirigir el niño en duración y cantidad, seguiremos tocando su mejilla con los dedos e ir sacando la tetina para empezar de nuevo.

 

Hay que dar el biberón en tomas seguidas de cinco succiones y entre ellas es importante parar un momentito para que el niño descanse y respire, pues debemos tener en cuenta que los bebés no saben comer y respirar a la vez.

Este método ayuda en casos como el reflujo y hace que el bebé se sacie antes, por lo que no ingerirá grandes cantidades de leche, que a la larga le harán que le duela el estómago.

 En cuanto al  material de los biberones son más seguros los  biberones de vidrio, sobre todo en los primeros meses de los bebés, aunque su mayor uso se da para bebés prematuros. La explicación de la elección es que el vidrio está libre de BPA, no permite que se adhieran gérmenes y además se mantiene mejor la leche. Además, a la hora de higienizar los biberones el vidrio puede limpiarse con mayor profundidad que el plástico. Otro beneficio es que el vidrio es un material que resiste muy bien los cambios de temperatura, por lo que se puede pasar de la heladera al calentado a baño maría sin problemas. Además, no absorbe olores. La desventaja es que se pueden romper, pero  muchos fabricantes actuales de biberones de vidrio compensan estas desventajas encerrando sus productos en una funda de silicona que protege el vidrio del impacto. Todos los vendidos en el año 2010 son de vidrio templado, que es más difícil de romper que el vidrio ordinario y tiende a romperse en pedazos que no son cortantes

 

 

 

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